9.11 Sobre una moneda y dos estatuas

(mayo – julio de 1619)


Auia el Enbaxador dado al rey en Spahan, pocos dias antes, entre otras pinturas que traxo de España, vna que él estimaua en mucho, la qual era un retrato de Sabina Augusta, pudiendo auer sido de su muger de Nerón ó de Adriano, auiendo tenido entranbas este nonbre; sacóse este rretrato en Madrid, muchos años antes que el Enbaxador viniese á su enbaxada, de una moneda de oro, de peso de tres ó quatro escudos, que vino en poder de una señora principal de aquella corte, que no quiso dársela ni feriársela por cosa alguna que le offreciese, viendo que la cudiciaua tanto, si no fue para que solo la copiase, como lo hizo, de uno de los grandes pintores que alli auia. Y aunque se pudiera sospechar que fuese contrahecha, como se contrahazen muchas en Italia, Francia y Alemania, no podía esto engañar á nadie que tuuiese mediano conocaimiento de las muchas monedas que cada día se hallan en España y en otras muchas partes del mundo, de todos metales, siendo en la forma, grosor y hechura de las letras muy propia á las antiguas.
La figura de esta gran señora era desde el principio de la garganta, junto al pecho, en que parecía tener un hilo de perlas ó gargantilla pequeña, con el cuello, rostro y cabeza, la qual tenia adornada con gran vagueza y primor, de sus propios cabellos, teniendo parte dellos entrenzados con perlas rrodeadas en ellos y que le dauan una buelta por la cabeza, como los rrodetes que agora vsan las mugeres en España, y los demás esparcidos por la parte posterior del cuello y honbros, sígun se echaua de ver aunque la moneda no llegaua á descubrírlos. El rrostro era notablemente hermoso, leuantado y aguileno, el qual, aunque se pudiera colegir ser de Popea Sabina, muger de Otón y después de Nerón, anbos enperadores, y tan querida y estimada dellos, y por auer sido, ansi por esto como por su mucha belleza y discrecion, tan celebrada de los historiadores antiguos, no teniendo el primer nonbre de Popea, mas del de Sabina Augusta, se colige auer sido la muger del enperador Adriano, que tanbien sigun de Sparсiano se entiende, fue dama y hermosa.
Ninguna de las letras del rreverso se podian leer, y las de la haz solo dezian lo rreferido, sin dezir de qual de los Enperadores uviese sido muger, aunque algún tienpo después que el Enbaxador hizo copiar esta medalla halló acaso en poder de un cauallero amigo suyo, que se preciaua de muy antiquario, entre otras muchas monedas que tenia, dos de cobre ó bronce, de la mesma Sabina Augusta, sin auerse podido leer en entranbas mas de Sabina Augusta, siendo este el nonbre que la antigüedad le da á la muger de Hadriano, y á la de Nerón, Popea Sabina, y parece más verisimil que estas monedas fuesen de Sabina, muger de Hadriano, por la grandeza y memoria [más] loable que dexó de si este principe en todas las prouincias del inperio romano, que la muy odiosa y aborrecible de Nerón, por sus grandes vicios. Pero el retrato que el Enbaxador dio al rey de Persia, por ser mayor la fama de Popea, sigun las muchas partes suyas, particularmente se le atribuyó á ella, pudiendo auer, como la ay, alguna duda en ello.
El rresto del cuerpo, con la postura del trage, no mostrándonos la medalla mas de el rrostro, cabeza y cuello, se sacó, aunque no muy al natural, de una copia que el mesmo Enbaxador tenia algunos años antes, de una statua de marmor, femenil, que halló en Merida andando con curiosidad mirando en aquella ciudad muchos de los grandes rrastros que en ella se veen de la antigüedad romana. Porque entrando en la casa del mayorazgo de los Мexias y notando el patio della, que lo rrodeauan por todas quatro partes unas grandes columnas estriadas con sus capiteles corinthios, aunque por ser de piedra de grano, á partes muy gastados, vio á un lado en un pequeño pedestal la dicha statua, y aunque trunca, sin cabeza ni brazos, que mostraua en la forma y rropage una venustad y hermosura increíble; la stola, que era el abito vsado en Roma, de las mugeres nobles, con muchas pliegues, desde los honbros hasta cubrirle los pies, muy sinuosa y larga, y la cintura muy alta por junto á los pechos, guardando suma decencia y perfección, cosas que en el trage femenil tanto conviene.
Y queriendo el Enbaxador que se la copiasen, ansí destroncada como estaua, por auerle contentado tanto, no se halló quien pudiese hazerlo con el arte y primor que se rrequeria, sino un mal pintor que aunque imitó algo fué muy desigual la pintura á lo que propiamente auia de ser. Y aunque después, el de Madrid, como gran maestro suplió parte de las faltas de la primera copia, quedó el cuerpo del retrato muy diferente de la estatua de donde primero se auia sacado; pero el rrostro, cabello y cuello muy al natural de la medalla de donde se copió. Los brazos, que no uvo de que poder copiarse, quedaron al arbitrio del pintor, dexandolos, aunque inpropiamente, gran parte dellos desnudos, como vemos comunmente en algunas pinturas modernas italianas imaginadas á lo antiguo, á quien falsamente ponen los nonbres de muchas de las enperatrices romanas, de los quales rretratos ay muchos agora en Madrid, siendo muy diferentes en todo de lo que antiguamente auian sido, sigun de la statua rreferida y de otras algunas se conoce.
La estatua pequeñita que el Mogor traia en el cabo de su puñal estaua perfectisimamente obrada, con gran propiedad y muy semejante á la de marmor, de Mérida, y aunque con la priesa que el Enbaxador en aquella ocasión la miró no pudo notar la postura del cabello, si era semejante al de la medalla, ó aparente en algo, se acuerda que tenia el cuello y garganta descubierta, y el rrostro leuantado y que parecia que miraua á lo alto; pero notó bien que tenia las manos juntas, poco abaxo de la pintura, cubiertas con las bocas de las mangas de la stola, de la manera que los frailes las tienen delante de sus superiores, siendo las mesmas mangas anchas, como ellos las vsan, constandonos tanbien de Juvenal cubrir la stola del todo las mugeres, excepto el rrostro.

Cinco ó seis años antes que el Enbaxador saliese de España á su enbaxada, viniendo de Badajoz, adonde avia sido corregidor, á Madrid, vio en las casas del consistorio de la dicha ciudad de Mérida otra statua de marmor, de muger, que algunos meses antes se auia hallado cauando y sacando piedra para la puente, de la mucha sillería antigua que de las rruinas de aquella colonia estaua cubierta de tierra muchos siglos auia.Y dando con aquella statua que hallaron entera, la sacaron y el cabildo ordenó que se pusiese, como lugar publico, en la parte que se a dicho. Era muy semejante en el trage y postura del cabello á la que se hallo en la casa de los Mexias, pero muy inferior á ella en la perfección de la sculptura, aunque sin brazos y cabeza, conociendose bien, ansi en esto como en la scripcion que en esta vltima se halló en una pequeña basa continuada con la mesma statua, ser hecha y dedicada, no solo en la ya conocida declinación del inperio Occidental, pero estando ya sus prouinias todas ocupadas por los barbaros. Dedicóse á la memoria de una muger principal por dos libertos suyos á quien ella auia dado libertad, notándose tanbien que no obstante que sigun la scripcion ella auia muerto de edad de cinquenta y seis años, se mostrava vsar todauia de abito y tocado juuenil, con el cabello y garganta descubierto, aunque, como se a dicho, toda la sculptura grosera y tosca, á rrespeto de la primera, por auerse perdido ya por la mavor parte las buenas artes de la antigüedad romana en Europa.

(García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo II, Libro VII, Capítulo VI, pp. 390 – 394)

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